En este verano que ya está en curso mantengamos la intención de habitar el cuerpo en mayor medida que la mente. Comencemos por soltar y aligerar, al menos por unos días, las razones, opiniones e ideas que alimentan nuestra arquitectura psíquica con el propósito de liberar cierto espacio mental que nos permita tomar un respiro, descansar y conectar con el aquí y ahora.

Esto resulta fácil proponerlo, pero no necesariamente hacerlo. La principal dificultad reside en que estamos muy bien entrenados para pensar, no solo porque lo hacemos diariamente, sino porque en la escuela y en nuestro sistema de enseñanza se prioriza y valora como ninguna otra materia la parte mental en detrimento de otros elementos como el cuerpo que también nos permiten adquirir conocimiento.

Diversos maestros y tradiciones contemplativas consideran la mente y el cuerpo uno y defienden como formas de conocimiento primarias la observación de la experiencia directa, a través de elementos corporales como la postura, las sensaciones o los sentidos sin que el juicio medie de por medio. La razón es que todos ellos son elementos del presente (por ej la respiración siempre ocurre ahora, igual que el frio o el calor aunque los hayas experimentado en anteriores ocasiones). Por el contrario, el pensamiento suele estar teñido de juicios y valoraciones y fácilmente puede estar ligado a lo que hiciste ayer, dijiste hace un año, o temes que suceda en el futuro.

Vivir en nuestra cabeza reiteradamente promueve estrés, ansiedad y fatiga al obligarnos a viajar en el tiempo múltiples veces al día. Además, visitar el pasado y el futuro de forma compulsiva conlleva otros costes. El más evidente e inmediato es que nos perdemos el ahora que es realmente el tiempo en el que transcurre la vida.

La psicología oriental sostiene la intención de investigar los movimientos de la mente para identificar tendencias nocivas como la compulsión de pensar a todas horas. De hecho, se refiere al pensamiento como “una adicción” que podemos aprender a soltar y dejar de alimentar. Sin embargo afirmarlo es más fácil que hacerlo ya que como dice Eckart Tolle, autor de El poder del ahora “el problema del adicto es que no sabe que lo es”

Pero ¿Cómo podemos dejar de alimentar esta adicción a pensar?

El primer paso es entrenar la atención para tomar consciencia de las formas de pensamiento ( opiniones y juicios a los que nos aferramos de forma automática) que emergen continuamente. La premisa de base consiste en aprender a relacionarnos con los pensamientos de forma que podamos cuestionarlos sin creerlos directamente (especialmente cuando nos crean malestar o hacen sufrir). Un ejemplo ilustrativo de esto lo resume la frase del filósofo Michel de Montaigne que ya hace siglos afirmaba “mi vida ha estado llena de terribles nostalgias, la mayoría de las cuales nunca sucedieron”

La frase ilustra con claridad como nuestra vida puede transcurrir en nuestra mente en vez de en el aquí y ahora. Una vez más conviene no olvidar que el cuerpo es un elemento del ahora en el que podemos situar nuestra atención para prolongar nuestra estancia en el presente

Pero…¿por qué el cuerpo es el gran olvidado en toda esta película?

El predominio de la mente sobre el cuerpo, no es algo de ahora, sino que se remonta varios siglos atrás. Podríamos hacer una breve incursión en la historia de la filosofía recordando la obra de importantes filósofos que antepusieron la razón y la lógica por encima de la experiencia, la materia (cuerpo) y otras formas perceptivas de alcanzar el conocimiento y la verdad.

El mayor exponente de esta tendencia tal vez sea el francés René Descartes, que instauró el dualismo mente – cuerpo allá por el siglo XVII.  Su vida y obra alteró el rumbo de la filosofía de entonces para establecer las bases de la filosofía moderna cuyos efectos hoy siguen vigentes  en diversas disciplinas de actualidad.

Recordemos que para Descartes “el cogito” o pensamiento era lo fundamental y toda la verdad debía poderse explicar desde este prisma infranqueable cuya base era la razón. Defendía una aproximación científica cuyos fundamentos descansaban en la certeza y en la adquisición de conocimiento a través de la lógica y el razonamiento. Su visión dualista supuso un cambio de paradigma al separar el cuerpo de la mente y otorgar prioridad a esta segunda al postular que la mente podía existir sin el cuerpo, pero no a la inversa.

Su propuesta dista de la de otros filósofos influyentes de la época como los británicos Locke o Hobbes cuyo pensamiento filosófico atribuía un mayor peso a la materia (cuerpo) y a la adquisición del conocimiento por medio de los sentidos y la experiencia propia. Esta visión estaría más en línea con la psicología oriental y el prisma budista donde no hay distinción ni separación entre cuerpo y mente puesto que el cuerpo es mente y la mente es cuerpo.

Tendrían que pasar, no obstante, varios siglos hasta llegar casi a nuestros días, cuando a finales del siglo XX el neurocientífico chileno Francisco Varela investigara sobre la influencia del cuerpo en la mente y el neurólogo Antonio Damasio publicaría un libro de gran impacto al que denominó “El error de Descartes”. En él, a través de los avances científicos y al uso de las técnicas de neuroimagen concluiría que es erróneo creer que las mentes solo piensan. Describiría como el cuerpo proporciona un contenido que es parte y envoltorio de las actividades de la mente y resaltaría el papel esencial de las emociones en el cuerpo.

¿Alguna otra razón para priorizar en el cuerpo?

Diversos estudios, como el publicado en la revista Science en 2010, indican que una mente errante y que divaga no es una mente feliz. Por si fuera poco, practicar Mindfulness y centrar nuestra atención en el ahora nos ayuda a gastar menor energía, reduciendo el consumo metabólico corporal y prolongando la vida de nuestros telómeros; esa parte de los cromosomas que se reduce con mayor celeridad si estamos sometidos a estrés y que acelera nuestro envejecimiento según las investigaciones de la premio nobel Elisabeth Blackburn.

Habitar el cuerpo, las emociones y por ende el presente puede ayudarnos a prevenir la nostalgia y la depresión que son enfermedades en auge en nuestros días y que recordando la frase de Montaigne emergen con mayor virulencia cuando moramos con excesiva asiduidad en el territorio de la mente, preocupándonos por fenómenos del futuro que no sabemos si finalmente sucederán.

Recordemos, por tanto, una vez más la importancia del cuerpo de la mano de Kabir, poeta mistico hindú:

“Entonces sé fuerte y entra en tu cuerpo;
Allí tienes un suelo firme que pisar
¡Piensa en ello detenidamente!
¡No te vayas a ninguna otra parte!
Kabir dice:
deshecha todos los pensamientos de cosas
imaginarias y asiéntate firmemente en lo que eres”

Por último, y con respecto a las relaciones sociales, decir que los estudios señalan que más del 90% de la comunicación es no verbal y que por tanto nuestro cuerpo juega un papel fundamental de cara a los mensajes que dirigimos hacia otras personas o grupos con los que nos relacionamos.

Seguro que recuerdas alguna conversación en reuniones de trabajo donde tu cuerpo se percibía presente pero tu mente no lo estaba ¿Si?. Recuerda que cuando habitamos el cuerpo y nuestra mente está presente nuestra percepción aumenta y nuestros mensajes resultan más convincentes, mejorando la resonancia empática con la otra persona.

Creo que no hacen falta más razones. Mantengamos el propósito de habitar el cuerpo durante este verano y dejemos descansar la mente un rato.

Buen verano a tod@s.

Abrir chat